viernes, 10 de mayo de 2024

LA ORGÍA PERPETUA (2006)

 

LA ORGÍA PERPETUA (2006)




Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

La orgía perpetua es un ensayo de Vargas Llosa sobre Gustavo Flaubert y Madame Bovary(MB).

Vargas Llosa considera al escritor francés como su maestro , y a su obra como el baluarte

fundacional de la novela moderna. Por eso leyó y releyó a este autor.

VLL cree que el método de escribir de F es casi científico, parecido a un trabajo de investigación.

Flaubert era era muy disciplinado para escribir sus obras. Investigaba sobre el tema de manera profunda. Revisaba lo escrito. Pensaba cada palabra.La pronunciaba en voz alta para precisar su musicalidad.

Escribió MB en casi cinco años.

En MB hay amor, sexo, erotismo y feticihismo.

La ficción es un bálsamo para el dolor.

La realidad está por debajo del sueño.

La escritura es el reino de la fantasía.

La escritura para F era una terapia,

Los aspectos médicos que aparecen en MB, F los consultó con médicos, pero tenía recuerdos de cuando su padre lo llevaba al hospital. Vio disecciones en la morgue. Describió en sus personajes sus propios males de salud.

Después de Madame Bovary , la obra más importante de Falubert es La educación sentimental.

VLL habla de los escritores que leyó F y de sus libros.

F distribuía sus materiales según el tiempo y el orden de los mismos.

Hacía esquemas sobre lo que iba a escribir.

F escribía media página por día.

La novela muestra, no juzga.

La literatura es venganza de la realidad.

Para F, las personas son pretextos para sus libros.

Sus personajes son tomados de la vida real. Fusiona varios personajes reales  para obtener uno ficticio.

La novela añade algo a la realidad.

“En todas las obras de Flaubert, aun aquellas que pueden ser consideradas una fuga en la historia, la novela sigue siendo convocatoria de un hombre a los otros hombres a encontrarse en lo imaginario verbal para, desde allí, entender como insuficiente la vida que aquellas obras prodigiosamente rescatan e impugnan, salvan al tiempo que condenan”.

FRASES Y PÁRRAFOS QUE ME GUSTARON

1

Un puñado de personajes literarios han marcado mi vida de manera más durable que buena parte de los seres de carne y hueso que he conocido.

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En Madame Bovary ocurren tantas cosas como en una novela de aventuras : matrimonios,adulterios, bailes, viajes, paseos, estafas, enfermedades, espectáculos, un suicidio—, sólo que se trata por lo general de aventuras mezquinas. Es verdad que muchos de estos hechos son narrados desde la emoción o el recuerdo del personaje, pero, debido al estilo maniáticamente materialista de Flaubert, la realidad subjetiva en Madame Bovary tiene también consistencia, peso físico, igual que la objetiva. Que los pensamientos y los sentimientos en la novela parecieran hechos, que pudieran verse y casi tocarse no sólo me deslumbró: me descubrió una predilección profunda.

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Pero no es sólo el hecho de que Emma sea capaz de enfrentarse a su medio —familia, clase, sociedad—, sino las causas de su enfrentamiento lo que fuerza mi admiración por su inapresable figurilla. Esas causas son muy simples y tienen que ver con algo que ella y yo compartimos estrechamente: nuestro incurable materialismo, nuestra predilección por los placeres del cuerpo sobre los del alma, nuestro respeto por los sentidos y el instinto, nuestra preferencia por esta vida terrenal a cualquier otra.

4

Las ambiciones por las que Emma peca y muere son aquellas que la religión y la moral occidentales han combatido más bárbaramente a lo largo de la historia.

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Emma quiere conocer otros mundos, otras gentes, no acepta que su vida transcurra hasta el fin dentro del horizonte obtuso de Yonville, y quiere, también, que su existencia sea diversa y exaltante, que en ella figuren la aventura y el riesgo, los gestos teatrales y magníficos de la generosidad y el sacrificio.

6

No me resigno a mi suerte, la dudosa compensación del más allá no me importa, quiero que mi vida se realice plena y total aquí y ahora.

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LA FICCIÓN COMO ALIVIO

Hace algunos años, durante unas semanas, tuve la sensación de una incompatibilidad definitiva con el mundo, una desesperación tenaz, un disgusto profundo de la vida. En algún momento me cruzó por la cabeza la idea del suicidio; …Es impagable la ayuda que me prestó, en ese período difícil, la historia de Emma, o, mejor dicho, la muerte de Emma. Recuerdo haber leído en esos días, con angustiosa avidez, el episodio de su suicidio, haber acudido a esa lectura como otros, en circunstancias parecidas, recurren al cura, la borrachera o la morfina, y haber extraído cada vez, de esas páginas desgarradoras,consuelo y equilibrio, repugnancia del caos, gusto por la vida. El sufrimiento ficticio neutralizaba el que yo vivía.

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Emma se mataba para que yo viviera. En otras ocasiones de contrariedad, depresión o simple malhumor he acudido a este remedio y casi siempre con el mismo resultado catártico. Esa experiencia y otras parecidas me han convencido de lo discutible de las teorías que defienden una literatura edificante por sus resultados. No son necesariamente las historias felices y con moraleja optimista las que levantan el espíritu y alegran el corazón de los lectores (virtudes que se le atribuían en el Perú al "Pisco Vargas"); en algunos casos, como en el mío, el mismo efecto lo pueden conseguir, por su sombría belleza, historias tan infelices y pesimistas como la de Emma Bovary.

9

El tratamiento de lo sexual en la narrativa es uno de los más delicados, tal vez el más arduo junto con lo político. Como en ambos asuntos existe para el autor y para el lector una carga tan fuerte de prevenciones y convicciones, es dificilísimo fingir la naturalidad, "inventar" esas materias, darles autonomía: invenciblemente se tiende a tomar partido por o contra algo, a demostrar en vez de mostrar.

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Flaubert se esforzó en pintar un amor que fuera, de un lado, sentimiento, poesía, gesto, y, del otro (más discretamente), erección y orgasmo.

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El desánimo, el desasosiego que, poco a poco, convierten a Emma en una adúltera, son consecuencia de su frustración matrimonial y esta frustración es principalmente erótica.

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Yo celebro que Emma en vez de sofocar sus sentidos tratara de colmarlos, que no tuviera escrúpulo en confundir el "cul" y el "coeur", que, de hecho, son parientes cercanos, y que fuera capaz de creer que la luna existía para alumbrar su alcoba.

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Ninguna novela me produce gran entusiasmo, hechizo, plenitud, si no hace las veces, siquiera en una dosis mínima, de estimulante erótico.

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Pies y calzados femeninos son muy importantes en la vida erótica de los varones.

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Practico el fetichismo literario: me encanta visitar las casas, tumbas, bibliotecas de los escritores que admiro, y si además pudiera coleccionar sus vértebras, como hacen los creyentes con los santos, lo haría con mucho gusto. (En Moscú, recuerdo, fui el único, en el grupo de invitados, que hice sin desesperarme la infinita peregrinación tolstoiana, el único en olisquear con placer desde las babuchas y samovares hasta la última pluma de ganso.

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Un enamorado de verdad no se limita a gozar de su amada, sino, como querían en la Edad Media, ordena su vida en función de ese amor y libra todos los combates por la señora que ama.

17

Además de ser, en la práctica, un gran contador de historias, Flaubert fue perfectamente lúcido sobre la función de la anécdota en la narrativa y consideró incluso que la eficacia de la prosa (lo que para él quería decir su belleza) dependía "exclusivamente" de ella.

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ASPECTOS MÉDICOS

 En su memoria abundaban las imágenes de enfermos, de sufrimiento físico, de angre y de muerte. Hay una célebre carta suya donde cuenta a Louise Colet que él y su hermana Caroline solían espiar, desde el jardín del Hôtel-Dieu, los cadáveres de la Morgue sobre los que zumbaban las moscas; a veces, el doctor Flaubert los sorprendía fisgoneando durante una disección y les ordenaba partir. Al aparecer Madame Bovary, Sainte-Beuve fue el primero en asociar el medio familiar de Flaubert con el estilo "científico" y la minucia descriptiva —las autopsias— del libro: "Fils et frère de médecins distingues, M. Gustave Flaubert tient la plume comme d'autres le scalpel. Anatomistes et physiologistes, je vous retrouve partout!"43 Es una observación inteligente —en una crónica mediocre— y toda la crítica la ha adoptado. No cabe duda, la atmósfera del Hôtel-Dieu, la familiaridad precoz con la ruina del cuerpo, contribuyeron a dar cierto semblante a la realidad ficticia. En ella la enfermedad y la medicina ocupan un lugar principalísimo: hay el pie deforme de Hippolyte, la operación, el tratamiento correctivo, la gangrena, la amputación; hay intervenciones menos audaces y más exitosas de Charles: la curación del père Rouault, su futuro suegro, y la sangría al labrador de Rodolphe; hay el Ciego purulento y los remedios que le sugiere Homais, quien, además de boticario, es médico a ocultas y se mueve entre recetas y males orgánicos; el envenenamiento de Emma es motivo de agitación científica —la llegada a Yonville de los doctores Canivet y Lariviére— y de una descripción prolija de una agonía y una muerte. La enfermedad, las curaciones, las operaciones están siempre descritas con exactitud: ya vimos cómo, por lo menos en dos casos, Flaubert se asesoró con médicos para no errar. Pero no sólo a este nivel anecdótico influye el medio familiar en Madame Bovary, sino, también, como supone Sainte-Beuve, en la cosmovisión del autor y en su estilo. La objetividad que Flaubert ambicionaba, esa impersonalidad conseguida a partir de una cierta técnica, equivale a considerar la novela como un producto científico, el resultado de una operación combinatoria de ingredientes que, elegidos y dosificados según leyes precisas por la inteligencia del creador, alcanzan la vida propia de una verdad positiva. La supuesta frialdad flaubertiana para narrar las venturas y desventuras de los personajes, era la actitud con que Achille-Cléophas examinaba, recetaba, amputaba, curaba o declaraba perdidos a sus pacientes. Pero, al mismo tiempo que las ideas y sugestiones recogidas en el medio familiar, figuran las que se abrían paso en un círculo más vasto, la revolución que en esos años se opera en la filosofía y la ciencia en Francia. Flaubert escribe Madame Bovary en la misma época en que Auguste Comte proclama que la actitud "científica" es la única válida para entender al hombre y al pensamiento,en libros convencidos de que la sociedad explica al individuo y no a la inversa, como creían los "metafísicos", y en que Claude Bernard inicia las conferencias e investigaciones que culminarían en el dogma de la experimentación como único camino para el descubrimiento de la verdad. La objetividad, el determinismo social, el rechazo de la metafísica y la intuición, la fe en la inteligencia y en el razonamiento —elementos que concurren, todos, a la elaboración de Madame Bovary— son nociones que bebe toda la generación de Flaubert, pues durante su juventud y primera madurez comienzan a imponerse en Francia. Si los médicos y los enfermos de su niñez le sirvieron para su novela, ¿no es lógico suponer que su propia enfermedad repercutió también en Madame Bovary? Sartre cree que los trastornos físicos que acarrea a Emma su decepción amorosa de Rodolphe son una reproducción literal de la dolencia de Flaubert. Sartre sostiene que la "maladie de nerfs" fue una respuesta o solución psicosomática a las terribles crisis que desgraciaron la infancia y juventud de Gustave, y, luego de citar esta frase autobiográfica sobre los ataques: "La souffrance ne reste pas dans la boite cránienne: elle se glise dans les membres et, reprise en charge par le corps, devient convulsionnaire", hace esta sugestiva comparación: "Flaubert n'a cessé de considérer sa névrose comme le fait le plus hautement significatif de sa vie: cette 'mort et transfiguration' loin d'y voir un accident, il ne la distingue pas de sa propre personne: c'est lui, en tant qu'il est devenu ce qu'il était; il n'a jamais pensé, comme le croit Dumesnil, qu'il s'adaptait ou qu'il s'adapterait à sa maladie mais, tout au contraire, que sa maladie était, par elle-même, adaptation: bref il la tenait pour une réponse, pour une solution. La preuve en est que sa Bovary, plus tard, fera explicitement une somatisation-réponse: abandonnée par Rodolphe, elle tombe dans la maladie, une terrible poussée de fiévre semble mettre ses jours en danger; et puis, au bout de quelques semaines, elle se trouve guérie de la fiévre et de l'amour tout à la fois. Ou si l'on préfère, l'amour s'est fait fiévre pour se liquider par ses désordres physiques".44 De este modo, Sartre encuentra en Madame Bovary argumentos para su hipótesis de la neurosis elegida por Flaubert como solución a sus problemas. Su caso no es el único.

Dos médicos, partidarios de la teoría de la epilepsia, aseguran que el tipo de alucinaciones que produce esta enfermedad ha marcado el estilo de Madame Bovary. Según los doctores Galeran y Alen, uno de los síntomas de la epilepsia que tiene su foco en el lóbulo témporo-occipital son las visiones multicolores, y esto explica, a su juicio, la obsesión de Flaubert en la novela por los adjetivos que describen el color, por las imágenes visuales.45 Es cierto que en Madame Bovary lo pictórico es tan importante como lo musical, pero lo que debilita esta afirmación es que muchos otros autores de la época romántica y postromántica tuvieron parecida proclividad hacia lo plástico —Gautier, Leconte de Lisle, Baudelaire— sin que en su caso pueda aducirse la epilepsia como razón. Pero no hay duda que los ataques nerviosos fueron canibalizados por la realidad ficticia. Es flagrante, por ejemplo, la semejanza de ciertas alucinaciones sufridas por él en sus crisis y una que padece Emma. El 7 de junio de 1844, Gustave le refiere a Ernest Chevalier los ataques de esos días: "II ne se passe pas de jour sans que je ne voie, de temps à autre, passer devant mes yeux comme des paquets de cheveux ou de feux du Bengale". Al salir del castillo de la Huchette, después de ser humillada, Emma, sola en la noche, tiene una alucinación en la que ve las mismas bolas de fuego: "II lui sembla à coup que des globules couleur de feu éclataient dans l'air comme des bail

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FILOSOFÍA

El narrador-filósofo El narrador omnisciente, algunas veces —hay que subrayar que son pocas—, se manifiesta con intromisiones que delatan, por el breve espacio de una palabra o una frase, la existencia de un ser forastero a la realidad ficticia. Algunas de estas intromisiones son, a todas luces, involuntarias, actos fallidos del narrador, como cuando, en medio de una descripción impersonal de la región donde se confunden Normandía, Picardía y L'Ile de France, mete la nariz para opinar que "C'est la que l'on fait les pires fromages de Neufchâtel de tout l'arrondissement", o, un poco después, cuando remata la relación del corto período de cariño y atenciones de Emma hacia su hija, en los primeros tiempos de Yonville, ironizando: las expansiones líricas maternales de Madame Bovary, dice, "à d'autres qu'a des Yonvillais" les hubieran recordado a "la Sachette de Notre-Dame de Paris".

Pero hay ocasiones en que el narrador omnisciente aparta con toda deliberación a los personajes y a los objetos para ocupar el primer plano del relato y pronunciar, profesoralmente, una sentencia filosófica, una conclusión moral, un refrán o aforismo, una regla de la vida que encuentra un ejemplo concreto en el hecho que ha narrado o que va a narrar: "—car tout bourgeois, dans l'échauffement de sa jeunesse, ne fût-ce qu'un jour, une minute, s'est cru capable d'immenses passions, de hautes entreprises. Le plus mediocre libertin a rêvé des sultanes; chaque notaire porte en soi les débris d'un poète". No habla ningún personaje, el propio narrador formula esta ley general e inapelable de la conducta burguesa para explicar el conformismo de Léon Dupuis, su tránsito del joven romántico que fue en Yonville al hombre calculador  y prudente que es ahora en Rouen.

Las interrupciones momentáneas de la acción o de la descripción, a fin de que la voz magistral de Dios Padre resuma lo narrado en una norma ética, sociológica, psicológica o

histórica, son un procedimiento clásico de la novela y en esto Flaubert sigue una tradición. Pero no de manera mecánica, sino dando al procedimiento un uso personal. El narrador-filósofo sólo toma cuerpo en ciertos momentos importantes y su paso siempre es rápido, su presencia eleva la realidad ficticia a un plano de solemnidad y abstracción sólo unos segundos, de modo que la marcha del relato no se vea obstruida, dispersada, distraída por la intrusión. Además de breve, la voz del narrador-filósofo tiene otra característica invariable: la rotundidad. Nunca duda, habla de una manera categórica, como cuando, después de referir el relator invisible que Léon, a su vuelta de París, ya no es el joven tímido que había conocido Emma, sino un varón desenvuelto y seguro de gustar, la historia se detiene para que una voz divina nos instruya así: "L'aplomb dépend des milieux où il se pose: on ne parle pas à l'entresol comme au quatrième étage, et la femme riche semble avoir autour d'elle, pour garder sa vertu, tous ses billets de banque, comme une cuirasse, dans la doublure de son corset".

Al viejo recurso de la irrupción del narrador-Al viejo recurso de la irrupción del narrador-magíster, Flaubert le da una coloración propia: reduce sus intervenciones a ciertas circunstancias oportunas (no he encontrado más de medio centenar de apariciones del narrador-filósofo), las dota de cualidades permanentes —brevedad, generalidad, perentoriedad— y logra que esos veredictos definitivos, conclusiones genéricas de lo particular o moralejas parciales de la historia, puntúen acompasadamente el relato. Al final, resulta evidente que la colección de afirmaciones del narrador-filósofo modela un plano de la realidad ficticia: el ideológico. No la ideología de este o de aquel personaje, sino la general, inmanente a aquella sociedad, el sistema básico de ideas en el que los personajes nacen, viven y mueren, y que es suficientemente laxo como para admitir en su seno ideologías contradictorias de clases, grupos sociales y aun de personas. Así, esas sentencias son parte valiosa de la realidad ficticia, un complemento indispensable al material acarreado por las palabras en cursiva. Con él forman los parámetros morales, políticos, religiosos y metafísicos dentro de los cuales se mueven los hombres y las mujeres de la novela, las raíces de sus conductas y sentimientos. Aunque ambas confluyen para diseñar el nivel retórico o filosófico de la realidad ficticia, esas palabras en cursiva y estas sentencias magistrales no son la misma cosa. Aquéllas tienen un radio restringido, expresan verdades relativas y concretas, las creencias, mitos o prejuicios de un grupo determinado —una familia, un colegio, un sector profesional, un sexo, una clase social, una región—, ante los cuales el narrador omnisciente toma a veces una distancia crítica e irónica (en estos casos la cursiva subraya el carácter de deformación viciosa, perversa, de la realidad que tiene ese clisé, refrán o fórmula lingüística), en tanto que el narrador-filósofo expresa siempre verdades abstractas y absolutas, unilaterales; sus frases pretenden ser la realidad humana capturada en una fórmula verbal, como cuando inicia el capítulo que sigue a la agonía de Emma definiendo así la reacciónde los hombres ante la muerte: "II y a toujours après la mort de quelqu'un comme une stupéfaction qui se dégage, tant il est difficile de comprendre cette survenue du néant et de se résigner à y croire".

El narrador-filósofo expresa algo más permanente y universal que los dichos y refranes en los que se halla reflejada la ideología de una comunidad: ciertas cualidades innatas, una esencia humana general y anterior a las personas y dentro de la cual las existencias concretas toman forma, significan una variante o modalidad. Por ejemplo, cuando Emma, arruinada, acude a Rodolphe para pedirle tres mil francos y éste le responde que no los tiene, se corporiza el narrador-filósofo para hacernos saber que cuando el dinero se mezcla con el amor éste peligra, pues lo pecuniario suele enfriarlo y matarlo: "II ne mentait point. II les eût eus qu'il les aurait donnés, sans doute, bien qu'il soit généralement désagréable de faire de si belles actions: une demande pécuniaire, de toutes les bourrasques qui tombent sur l'amour, étant la plus froide et la plus déracinante". En tanto que las cursivas son el nivel retórico en un plano subjetivo — creencias e ideas de los personajes—, el pensamiento que expone el narrador-filósofo lo es en un plano objetivo: lo que él dice aspira a ser saber científico, formulación matemática de la naturaleza humana. Ambos planos, combinados, estructuran el mundo de las ideas y de las creencias a partir de las cuales juzgan, realizan el bien y el mal, aciertan o se equivocan, son viles o nobles, comunes o insólitos, conformistas o rebeldes los seres de la realidad ficticia.

20

FINAL

Cuando vio Madame Bovary impresa por primera vez, en La Revue de Paris, Flaubert, descorazonado, escribió a Louis Bouilhet: "Ce livre indique beaucoup plus de patience que de génie, bien plus de travail que de talent' (Carta del 5 de octubre de 1856). Ciento dieciocho años después, combinando de otro modo las palabras del maestro, podemos formular una frase más justa sobre ese libro que amamos: su genio está hecho de paciencia, su talento es obra sólo del trabajo.

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